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Sea en su cama o en su cojín, enseñar a un perro a ir y permanecer en su sitio es uno de los objetivos básicos que debemos considerar por su utilidad.

 

Todos sabemos que los perros son animales de costumbres y que su comportamiento va muy ligado a que establezcamos con ellos ciertas pautas y nos ciñamos a una serie de normas que respetemos siempre sin excepción. Si no queremos que nuestro perro suba a nuestra cama, por ejemplo, lo adecuado es no permitírselo nunca y enseñarle que no debe hacerlo desde que es un cachorro o desde que llega a casa (en caso de haber adoptado un perro adulto).

Más allá de que un perro aprenda a sentarse o tumbarse cuando se lo pidamos, enseñarlo a permanecer en su sitio es, sin duda, algo básico y de mucha utilidad.

En nuestro caso, Elma no tuvo excesivas dificultades para aprenderlo y nos alegramos mucho de habernos esforzado al enseñarla porque es tremendamente útil para muchas circunstancias que se dan todos los días: cuando llaman al timbre y sale corriendo y ladrando hasta la puerta, cuando viene a casa una visita y ella insiste en sentarse encima de ellos, cuando estamos sentados a la mesa para comer…

Por ello queremos compartir con vosotros cómo enseñamos a Elma a ir y permanecer en su sitio.

En primer lugar hay que elegir cuál es “el sitio” donde queremos que nuestro perro permanezca tranquilo (una vez aprende la orden puede hacerse extensible a otros lugares).

En nuestro caso elegimos el cojín donde Elma suele descansar mientras trabajamos o mientras hacemos cosas en casa.

Una vez elegido el cojín, lo colocamos no muy lejos de Elma (a su vista) y verbalizamos la orden (nosotros elegimos la frase “a tu sitio”) realizando un gesto con brazo y dedo índice extendidos en dirección al cojín.

Las primeras veces Elma nos miraba confusa porque no entendía qué le estábamos pidiendo. Entonces le guiamos con una chuche a la altura de su trufa hasta el cojín repitiendo la orden “a tu sitio”. Una vez llega al cojín le damos el snack expresando en voz alta la orden que en casa utilicemos siempre que hace algo bien. En nuestro caso usamos “muy bien”.

Elma subió al cojín desde los primeros ensayos y le premiamos sobre él. Sin embargo, puede haber perros que no lo hagan. Si es vuestro caso, premiarle cuando llegue junto al cojín las primeras veces y poco a poco id exigiéndole más hasta que se suba en él.

Tras varias repeticiones (más o menos dependiendo del perro)  iréis viendo que vuestro compañero identifica la orden verbal con ir a su sitio y sentarse y ya no será necesario guiarle con una chuche.

Aunque el hecho de “ir a su sitio” esté prácticamente automatizado, es probable que al principio (nos ocurrió con Elma) se levante de su cojín a los pocos minutos. Es el momento de repetir la orden de nuevo y así tantas veces sea necesario.

Sin duda, resulta algo tedioso hasta que el perro atiende a la orden solo con que la verbalicemos y hagamos el gesto con brazo y dedo, pero es muy útil para numerosas situaciones y, una vez lo han aprendido, extensible a otros “sitios” donde nuestro perro suele permanecer para estar tranquilo y descansar (cojines, cama, tipi…).

Con Elma nosotros lo usamos tanto cuando llaman al timbre, como cuando estamos sentados a la mesa, cuando estamos cocinando o cuando nos vamos a dormir y ella tiene el día juguetón, se hace la remolona y no quiere ir a su cama.

 

Esperamos estas sencillas pautas os sean de utilidad con vuestros perros y aprendan a ir a su sitio cuando se lo pidáis ¡Probadlo y contadnos vuestra experiencia!